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domingo, 5 de octubre de 2008

COMPANHEIRINHO LULA (Ultima Parte)

Para algunos, el gobierno de Lula es lo más parecido a una versión brasileña del mejor peronismo. Por primera vez en la historia, la clase media de Brasil supera la mitad de la población económicamente activa. Entre la movilidad social, la bonanza económica y la decepción de quienes le critican sus preferencias por el capital financiero, el líder del PT ingresa en sus ¿dos últimos años de mandato? Ultima parte del informe especial de ZOOM iniciado con "Mi mejor enemigo" y "No hay mejor defensa".

"Dios cuida a todos los países, pero parece que decidió vivir en Brasil", dijo hace poco el presidente brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva, luego de festejar que la situación económica brasileña es la mejor de las últimas cuatro décadas.

Tras el resonante descubrimiento de enormes pozos de petróleo en su subsuelo marítimo, Brasil se enfrenta a una discusión de nuevo rico: ¿qué hacer con los 20 billones de dólares que hay en juego con los "más de 100.000 millones de barriles" existentes en los gigantescos yacimientos bajo la capa de sal a unos 250 kilómetros del continente?

Faltan dos años para que Lula deje el poder y, a pesar de los cuestionamientos, la experiencia de gobierno del Partido de los Trabajadores que él fundó en 1980 y del que fue candidato presidencial en las elecciones de 1989, 1994, 1998, 2002 y 2006, muestra algunos signos de movilidad social que le permiten abordar, por primera vez en su historia, qué hacer frente a todo lo que falta. Una tardanza que se lleva las peores críticas de muchos que invirtieron más de dos décadas para instalar un gobierno popular en Brasil.

Clase media, la mitad más uno

Los datos confirman que, en los 6 años de gobierno petista, tres millones de brasileños que habitan en la media docena de grandes áreas metropolitanas pasaron a integrar el grupo de "clase media emergente". Por primera vez en la historia la clase media supera la mitad de la población económicamente activa, alcanzando el 51,84%.

Pero eso no es todo: la pobreza cayó desde 2002 de 34,93% a 25,16%. Según la Fundación Getulio Vargas, la clase media brasileña pasó de 44,19% de la población en abril de 2002 a 51,89% en abril de 2008.

Según los analistas, ha sido el resultado de una decidida transferencia de ingresos hacia los sectores más pobres, pero tremendamente insuficiente para una población que supera los 193 millones de habitantes.

Para el periodista y analista internacional Raúl Zibechi, durante su primer gobierno, “Lula transfirió 10 mil millones de reales anuales (unos 4 mil 500 millones de dólares) a los más pobres mediante el programa Bolsa Familia. Pero transfirió 10 veces más (45 mil millones de dólares anuales) a los acreedores de la deuda pública. O sea, al capital financiero”.

Ya no es un secreto que la gran banca brasileña fue el sector más beneficiado de su gobierno, bajo el que alcanzó las mayores ganancias de su historia.

También fue el principal donante de la campaña electoral del PT. Según los datos difundidos por la justicia electoral, de los 45 millones de dólares que gastó el partido en la campaña de Lula, casi 5 millones provinieron de la banca. Posiblemente, los mismos sectores impulsen la nueva reelección de Lula en 2014.

Lula não tem fin

La Constitución brasileña impide dos reelecciones y Lula, electo en 2002 y 2006, no podrá postularse en 2010. Sin embargo, “la burguesía nacional brasileña”, esa de la que se habla tanto en la Argentina, plantea organizar un grupo que respalde el retorno. Una idea que, por lo demás, fue sugerida por Lula en entrevistas a la prensa.

Entre los impulsores de la iniciativa también están Beto Sicupira, de la cervecera InBev, y Abilio Diniz, titular de la cadena de supermercados Pao de Azúcar, la mayor de venta minorista de capital brasileño.

Parece mentira, pero el principal candidato que fue electo por representar a los trabajadores, ahora es el preferido de los empresarios. "Brasil ha tenido otros momentos interesantes, pero este es extraordinario", señaló Otávio Vieira, director ejecutivo de banca privada en el Banco Safdie, de propiedad suiza, que ha visto crecer su portafolio en 150% desde 2006.

Cada vez son más los observadores que concluyen que el gobierno de Lula es lo más parecido a una versión brasileña del peronismo en su mejor momento, un proceso que la décima economía del mundo está experimentando por primera vez.

Nunca antes en la historia del Brasil se puso en marcha un proceso de asistencia social de las dimensiones actuales y, aunque es insuficiente, su implementación ha permitido consolidar y multiplicar la base social de un presidente que ya es tratado como una estrella de rock.

Lula fue elegido en octubre de 2002 con unos 53 millones de votos y reelegido cuatro años después con 58 millones. Sin embargo, su maquinaria está compuesta por una corporación política que permite dimensionar la dura convivencia entre el Brasil de las nuevas perspectivas para millones de postergados, y el Brasil de los contrastes casi escandalosos, donde habitan las fuerzas políticas que, bonanza mediante, tratan de sofisticar su feudalismo.

Según un estudio del diario Folha de Sao Paulo, uno de cada tres diputados es millonario, es decir que declararon un patrimonio superior al millón de reales: medio millón de dólares. El diario revela que los diputados millonarios pasaron de 116 en la anterior legislatura a 165 en la actual, lo que supone un crecimiento de 40 por ciento.

Para Zibechi, “la integración del parlamento es apenas un reflejo de la política económica de Lula. Las 200 mayores empresas, en general grupos económicos oligopolizados vinculados al mercado externo, crecen a un promedio de 7,2 por ciento anual. En tanto, la economía brasileña crece apenas 2,6 por ciento.”

Oro negro

Brasil tiene una nueva joya, submarina, y Lula quiere retirarse el 31 de diciembre de 2010 con un nuevo modelo petrolero para el país, un punto de inflexión desde que en 1953 el mandatario Getulio Vargas lanzó la consigna "El petróleo es nuestro".

Con el mayor hallazgo de petróleo en el mundo desde 1976, a Brasil le alcanzaría para ser miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Lula ya aclaró que rechaza la idea de un estado con collares dorados de nuevo rico, sino que apuesta al modelo noruego, que aplica los dividendos del crudo para sustentar el sistema del estado de bienestar escandinavo.

La idea oficial no es exportar crudo, sino generar derivados del petróleo. En Brasil, la ley petrolera de 1997 abrió el camino para la explotación de empresas extranjeras, a la vez que convirtió a Petrobras en una empresa mixta con cotización en Wall Street: 60% de la empresa brasileña pertenece a accionistas privados, la mayoría estadounidenses.

El hallazgo de oro negro potencia una política de estado desarrollista, cuyo avance ha sido lento, pero que registra una inflación del 6,5%, una tasa que preocupa a quienes trazan las políticas monetarias, pero que está en el menor nivel entre los principales mercados emergentes. Por su parte, el desempleo se situó, en julio, en 8,1%, de acuerdo con el informe difundido por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. Los números son menores al nivel de 9,5% que se registró en julio de 2007.

Si esta perspectiva se mantiene, Brasil será en 2030 el quinto mayor mercado consumidor y la octava mayor economía del mundo por el valor de su Producto Interior Bruto (PIB). De acuerdo con el estudio, basado en el histórico de los indicadores económicos en los últimos 57 años en 100 países, el PIB brasileño crecerá a un promedio del 4 por ciento anual y saltará desde los 963.000 millones de dólares en 2007 hasta 2,4 billones de dólares en 2030.

Esa expansión del 150 por ciento ayudará al país a ascender desde la décima posición en la lista de las mayores economías del mundo hasta la octava.

Asignaturas pendientes

Pero nada de eso será posible si el Planalto no enfrenta la deuda más vieja del estado brasileño: la reforma agraria y la entrega de tierras a los sin tierra. Hace poco, cientos de militantes de la organización Vía Campesina ocuparon tierras y plantas hidroeléctricas en 10 estados brasileños, en el contexto de una jornada de protestas "contra los oligopolios" en la agricultura.

Para ellos, hasta que nada cambie, la necesidad es "denunciar los problemas causados al país por las grandes empresas, especialmente extranjeras, que son beneficiadas por el agronegocio y la política económica neoliberal" de Lula.

También hay otros problemas. La flexibilización de las relaciones laborales, recomendada por muchos como condición para superar el alto índice de informalidad, no parece una solución.

Los últimos datos, y la enorme proporción de despidos anuales comprueban una gran flexibilidad, ya que "el costo del despido no inhibe" la acelerada rotación de empleados.

La otra muestra de las enormes deudas pendientes fue reflejada hace pocos días, cuando fue divulgado un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre ejecuciones arbitrarias, sumarias o extrajudiciales, elaborado por el relator especial Philip Alston, que visitó Brasil durante 11 días en noviembre de 2007. La visita recorrió tres ciudades para examinar la política de seguridad, la violencia policial, el sistema carcelario, la acción de grupos de exterminio, la violencia en el campo y en contra de pueblos indígenas.

Según el informe, en Brasil suceden aproximadamente 48 mil muertes por año, haciendo que el país tenga una de las mayores tasas de homicidios del mundo. Datos de 2006 señalan que la tasa de homicidios del país es cerca de dos veces superior a la media mundial, con 25 homicidios por cada 100 mil habitantes. La media mundial es de 8,8 muertos cada 100 mil habitantes, no incluyendo las muertes relacionadas con las guerras.

Estas características son, para muchos miembros del PT y del movimiento Sin Tierra, parte de una gran desilusión.

Para el activista del Movimiento de los Sin Tierra Ricardo Gebrim existe una explicación frente a semejante desazón: "El PT fue el gran instrumento político que se conformó en Brasil en los años de ascenso de la lucha popular, a final de los años setenta y ochenta. Lula tuvo un gran mérito, como líder de los trabajadores metalúrgicos, y protagonizó una gran lucha con mucha fuerza de atracción; pero en esos años también cambió la dirigencia del PT y las ideas de transformación radical fueron sustituidas por ideas más inmediatistas.

Por eso el gobierno de Lula mantuvo la misma política económica que Fernando Henrique Cardoso: no produjo ningún cambio en la cuestión agraria, en el derecho de los trabajadores, e incluso mantiene las políticas de retirar derechos y descalificar a los grupos que están en lucha.

De ahí viene la gran decepción en los sectores que se mantienen en la lucha popular".

Por Carmelo Paredes

Publicado en Revista Zoom|17-09-08

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NO HAY MEJOR DEFENSA (Informe 2ª Parte)

El descubrimiento de petróleo en aguas profundas brasileñas y la defensa de la amazonia dinamizaron la creación del Consejo de Defensa Sudamericano. Lula recela de los movimientos de la IV Flota y apuesta a la unidad en la región sudamericana.

Habiendo aumentado notablemente su crecimiento económico y siendo el ideólogo de la creación del Consejo de Seguridad Sudamericano, Brasil se conecta cada vez más con el mundo, marcando la dirección y dinámica del Mercado Común del Sur (Mercosur).

Desde comienzos del siglo XX Brasil se ajustó a un doble patrón, por un lado de rivalidad hacia el Sur y por el otro de indiferencia hacia el Norte. De esta manera aprovechó su estratégica ubicación geográfica para marcar su inserción en la región desde 1950.

Tal aumento de su centralidad en Sudamérica ocurre en el contexto de la posguerra fría y de la restauración democrática en el continente, finalizando así el proceso de antagonismo y dándose el inicio de un amplio proyecto común con Argentina. Esta planificación conjunta tuvo su punto de partida en 1986 con el establecimiento de un Programa de Cooperación que se reanudó con la instauración del Mercosur en 1991. Para este cambio de enfoque resultaron cruciales los acuerdos de salvaguardas nucleares que solucionaron el dilema de seguridad con Argentina.

Un poco de historia

Una indagación histórica y geopolítica de Brasil debe necesariamente partir de un concepto relacionado con el expansionismo de tal país hacia sus vecinos: Paraguay, Bolivia y Uruguay. Desde el Tratado de Tordesilla (1494), Portugal se hizo cargo de esa gran masa de tierra —hoy con 8.547.403 km2— desde donde estableció rutas mercantiles orientadas a abastecer Europa y sus metrópolis, así como sus enclaves coloniales alrededor del mundo, con madera, café, azúcar, ganado, productos agrícolas y luego con piedras preciosas y minerales.

Habiendo sido antiguamente una colonia con privilegios, aún hoy, muchos años después de conseguida la liberación, Brasil continúa manteniendo estas ventajas en los desafíos actuales de su política exterior, reflejada en las iniciativas diplomáticas durante el gobierno de Itamar Franco (1992-1994). Fue en este período cuando surgió la propuesta de constituir el Área de Libre Comercio Sudamericana (ALCSA) en contraposición a la iniciativa norteamericana de la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Siguiendo esta dirección, se dio el lanzamiento de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y, finalmente, se constituyó en el 2004, la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) —después denominada UNASUR— con Lula en la presidencia.

UNASUR: ¿Integración de los ejércitos o supremacía militar brasileña?

El pasado 23 de mayo se llevó a cabo en Brasilia una reunión extraordinaria en la que Jefes de Estado y de Gobierno de 12 países sudamericanos firmaron el tratado constitutivo de la Unión Sudamericana de Naciones.

Este nuevo esquema de integración impulsado por Brasil tiene algunas ventajas, como potenciar la autonomía regional respecto de los Estados Unidos, pero su gran desafío está relacionado con dos proyectos integracionistas ya establecidos, que son la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercosur.

La cláusula menos conocida de estos tratados marca que las grandes beneficiarias de esta iniciativa serán las grandes empresas brasileñas (Petrobras, Embrear, Odebrecht, Camargo Correa, Itaú, Bradesco, Gerdau, Brasken, etc.). Este es el precio a pagar por romper dependencias más abusivas de parte de los países centrales.

En los últimos meses, Brasil ha mostrado mayor interés en desarrollar industrias y alianzas con sus vecinos, como el acuerdo entre Brasil y Argentina para la integración militar y de industrias de guerra, que constituye un paso muy importante para suministrar materiales bélicos.

Sin embargo, ante el poderío de la ex colonia portuguesa, la competencia está en desventaja. Tanto Argentina como los demás socios del Mercosur pasan a ocupar un rol accesorio y dependiente de la industria armamentista brasileña ya que no poseen dicha industria.

Brasil se halla entre los diez principales fabricantes de armas del mundo, solo superado por Estados Unidos, algunos países de Europa, Israel y Sudáfrica. Fabrica tanques, aviones sofisticados, barcos de guerra, armas cortas, misiles y entre otros elementos que vende y distribuye a más de 50 países alrededor del mundo.

Aunque Perú ha estado esquivo a la iniciativa brasileña, en el último encuentro con Lula y Uribe, celebrado durante los festejos de la independencia colombiana, el mandatario peruano Alan García, ha mostrado mayor interés por formar parte de la nueva iniciativa.

“UNASUR es el refuerzo de un proceso que se inició con la declaración de Cuzco; si vemos con anterioridad, es anterior a la cumbre del año 2000. Este proyecto nace con esa experiencia y se proyecta, creo yo, para integrar aún más a nuestros países”, declara a ZOOM, Mario López Chávarri, ministro de la Embajada del Perú en Buenos Aires.

“Las necesidades de esa integración se siguen dando sobre tres prioridades, como la necesidad de la integración física, la integración energética y la integración de los medios de comunicación entre nuestros países.

Sin dudas, hay otros avances que se han dado a nivel subregional, tanto en la Comunidad Andina de Naciones como en el Mercosur, como la integración migratoria, que abre la posibilidad concreta de que nuestros compatriotas puedan transitar sin requerir pasaporte, que puedan hacer turismo por tres meses sin requerir visado alguno. Justamente en Tucumán tuvimos este acuerdo.

La posibilidad de establecer mecanismos sociales en educación (reconocimiento de títulos) y con una serie de acciones preventivas en salud. En fin, hay muchas áreas en donde se ha avanzado adicionalmente al tema de la integración física, energética y de comunicaciones. Y creo que en ese sentido también debemos seguir reforzando UNASUR”, recalca López Chavarri.

La ofensiva colombiana en Ecuador y la defensa de la amazonia

Con el “ataque preventivo” colombiano —con asistencia de Estados Unidos— a territorio ecuatoriano a un campamento móvil de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) —en el que fuera asesinado el número dos de la guerrilla, Raúl Reyes, el 1º de marzo pasado— se desató una crisis de incalculables consecuencias entre sus vecinos Ecuador y Venezuela.

Ante esto, Brasil, que tiene 1.644 kilómetros de frontera con Colombia, decidió comunicar a la secretaria estadounidense Condoleezza Rice la decisión de impulsar un consejo de defensa sudamericano al que no sería convidado, y que en la practica significaría una ruptura con el pensamiento militar del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), firmado en 1947 y que avala la supremacía de los Estados Unidos sobre el continente americano.

El TIAR, actual remanente de la guerra fría, desfavoreció a Argentina durante la guerra de Malvinas en 1982. Estados Unidos, siendo miembro del TIAR, prefirió cumplir con la OTAN, de la cual Inglaterra es integrante.

Otros puntos que marca Brasilia en sus preparativos para defender su inmensa geografía se evidenció en 2004, cuando el Estado Mayor del Ejército de Brasil envió un grupo de oficiales a Vietnam para aprender las técnicas de guerra de guerrillas con las que el Vietcong había derrotado a las tropas estadounidenses tres décadas atrás.

El objetivo, la defensa del Amazonas ante la ocupación por una fuerza “militarmente muy superior” o una incursión de grupos paramilitares o guerrillas; y por ende, el ejército colombiano con apoyo externo como lo sucedido en marzo en territorio ecuatoriano.

La estrategia militar de Brasil diverge de la de Estados Unidos, que quiere internacionalizar la Amazonia, el mayor pulmón verde del planeta. El interés por el desarrollo sostenible de la región amazónica, está presente en el Tratado de Cooperación Amazónica (TCA), firmado en Brasilia el 3 de julio de 1978, por Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana y Suriname. El 17 de julio pasado, el parlamento amazónico reunido en Brasilia, divulgó una carta en la que se califica a la IV Flota de Estados Unidos como una “amenaza a la soberanía” de América Latina.

La IV Flota y los yacimientos petroleros brasileños en alta mar

Para Elsa Bruzzone, integrante del Centro de Militares para la Democracia (Cemida), la reactivación de la IV Flota “está relacionada con lo que Estados Unidos denomina la primera estrategia marítima para el siglo XXI, dando nuevas funciones al Comando Sur para estar en articulación con el reciente Comando creado para África”

La IV Flota tiene su base operativa en Mayport, Florida, que dependerá a su vez del Comando Sur con base en Miami.

“En esta ofensiva no solamente enfocan en el petróleo, gas y minerales, sino que la necesidad también tiene que ver con el agua potable y la biodiversidad”, sostiene Bruzzone.

En cambio, Rosendo Fraga, del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría. amplía el horizonte de los recursos naturales. “La decisión anunciada se explica por la compra de submarinos en Rusia por parte de Venezuela. Se trata de los submarinos convencionales más modernos producidos por la industria rusa.

Para Brasil, que ha ratificado su proyecto de tener en servicio un submarino a propulsión nuclear en la próxima década, el anuncio de EE.UU no es bien visto. Van a patrullar la zona del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR)”, concluye Fraga.

Los recientes hallazgos en Brasil podrían convertirlo en uno de los 10 primeros países con mayores reservas en el mundo. El año pasado tenía 12.600 millones de barriles (MMB) de reservas de petróleo, antes que el campo Tupí las aumentara en 8.000 MMB (de los cuales el 20% es gas). En abril se anunció el descubrimiento del campo Carioca, que tiene más de 33.000 MMB (también el 20% es gas) y por último el del campo Guará. En total, la cuenca marina de Santos (Tupí, Carioca y Guará) tendría un total de 50.000 MMB.

“Brasil ha descubierto grandes yacimientos petroleros y lo primero que hizo fue crear un fondo soberano de riqueza con un valor de 100 mil millones dólares, casi la mitad del PIB argentino de un año.

Con la aparición de la IV flota norteamericana, Brasil niega agua para esta flota; además acumulando más petróleo ve la necesidad de una defensa propia, de ahí el desarrollo del submarino nuclear, que seguramente lo desarrollará con tecnología argentina, porque el perfeccionamiento nuclear brasileño fue hecho por argentinos.

Algunos estudian y piensan y otros realizan”, ironiza en diálogo con ZOOM, Félix Herrero, vicepresidente del Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (MORENO).

Sobre la unidad energética sudamericana, como el proyecto gasoducto del sur, que uniría Venezuela, Brasil y Argentina, con extensiones a Uruguay, Paraguay y quizá Bolivia, sostiene que genera la oposición de quienes sostienen que el transporte de gas licuado por barco requiere menos inversión y es más moderno y económico.

Pero aun si así fuese, lo que no está probado, un gasoducto “une” a los países de muy variadas y positivas maneras, y genera polos de desarrollo. En cambio, según Félix Herrero, Brasil ha bajado su beneplácito a la iniciativa del presidente Chávez por una cuestión económica, teniendo en cuenta que cada país debe pagar los costos de extensión del gasoducto por su territorio.

“Con esto Brasil ha mostrado poca solidaridad con países menos desarrollado, como Paraguay y Uruguay para acceder a gas natural más económico, ya que gran parte del recorrido del gasoducto lo debe hacer por territorio brasileño”, explica Herrero.

El interrogante es saber si Brasil va a seguir apoyando la integración energética regional como el gasoducto del Sur ante los descubrimientos de Santos. El proyecto del gasoducto de 7.000 kilómetros tiene previsto llevar gas desde Venezuela hasta Brasil y Argentina; y de estos, a los países limítrofes.

Por Gustavo Torres

Publicada en Revista Zoom|16-09-08
Fuentes: Le monde diplomatique (Argentina), El País (España), Página 12 (Argentina)

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sábado, 4 de octubre de 2008

MI MEJOR ENEMIGO (Informe 1ª Parte)

Cristina Kirchner realizará su primera visita como presidenta a Brasil, vecino necesario y socio inevitable para la Argentina. La primera entrega de este informe analiza cómo el liderazgo brasileño en la región se asentó sobre una agresiva respuesta al proceso de apertura y desregulación de la economía de los ’90. Hoy, sus inversiones en el país casi superan a las españolas, con más de 10 mil millones de dólares en cuatro años.

Se podrán decir muchas cosas a favor y en contra del Brasil, pero su peso es cada vez mayor en la política latinoamericana. Es la octava economía del mundo y su influencia en la Argentina, principal socio en el Mercosur, ya adquirió una dimensión estratégica.

Ya no hay lugar a dudas de que las futuras generaciones de argentinos, paraguayos, uruguayos y bolivianos deberán prepararse para negociar con un país cuyas pretensiones hegemónicas están más cerca que nunca. Un ejemplo se da en nuestro país.

Brasil está por desplazar en importancia a las enormes inversiones españolas y ahora es uno de los principales inversores en Argentina: controla el 15 % del combustible nacional y 9 de las 17 plantas nacionales de cemento, además del 21,6% de la cuota Hilton. Sus capitales como inversión extranjera directa en Argentina crecieron del 0,2% en 1997 al 25% en 2007. Radiografía de dos desempeños que determinarán el futuro de una relación inestable, pero menos desconfiada que hace 10 años atrás.

Dos a quererse

os especialistas consideran que Argentina y Brasil combinan muy bien, especialmente porque sus diferencias los transforman en socios inevitables que han comenzado a aceptarse, algo similar a decir que el movimiento se demuestra andando a pesar de todo. En los últimos años, el desempeño de las dos principales economías del Mercosur ha mostrado diferencias significativas, principalmente porque sus trayectorias productivas se gestaron en tiempos similares, pero con resultados distintos. La historia económica argentina se encuentra signada por constantes crisis económicas y cambios de modelo. Estas circunstancias, sumadas al crecimiento relativamente lento de la economía durante los últimos treinta años, han generado un contexto inestable y hostil para el desenvolvimiento y expansión de las empresas argentinas.

Las crisis y la profundidad y celeridad con que fueron puestas en marcha las reformas económicas durante los ‘90 terminaron con una gran parte del aparato productivo argentino que quedó en manos extranjeras. Los que pudieron resistir fueron sólo un grupo acotado y selecto de firmas industriales que articularon estrategias ofensivas y de expansión en el exterior y que si pudieran, no dudarían en hacer lo mismo que están haciendo sus pares cariocas o paulistas en el Cono Sur.

Las comparaciones que permiten comprender cómo el país más grande está comprando los mejores tesoros de su vecino más chico, se remontan a los comienzos de esa remanida década del ‘90, cuando el menemato produjo una profunda extranjerización de la economía argentina donde, convertibilidad mediante, se destacaron como orígenes de la Inversión Extranjera Directa (IED) España, Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Italia y Alemania.

Sin embargo, el proceso de desnacionalización de las firmas locales se ha caracterizado no sólo por la escasa resistencia con que se llevó adelante sino también por cierta pasividad de la opinión pública y el activo rol del Estado en ese traspaso.

Los investigadores coinciden en que a lo largo de la década de los noventa el proceso de privatizaciones y apertura de la economía a los capitales y a la competencia externa generó una grave crisis en el La inversión directa brasileña en Argentina creció del 0,2% en 1997 al 25% en 2007. tejido productivo argentino.

Y 1994 significó un duro encontronazo con la realidad de la competencia. Tras la devaluación de la moneda brasileña la competitividad de las firmas argentinas se vio afectada dentro del propio Mercosur. Desde entonces, no sólo se verificó un proceso de desnacionalización sino también de desindustrialización de la maltrecha economía argentina.

A partir de 1998, la crisis económica y el alto nivel de endeudamiento de las firmas locales abrieron la puerta al traspaso de gran cantidad de activos a manos de competidores regionales de mayor porte y mejor situación financiera. En aquél momento, cualquier empresa estaba mejor que las argentinas.

Sin embargo, al otro lado de los grandes ríos de la cuenca del Plata, el caso brasileño mostró una marcada diferencia de respuesta al proceso de apertura y desregulación de la economía, y llevó a las principales firmas a adoptar una agresiva política de internacionalización a escala regional de modo de deshacerse, en parte, del riesgo que traía aparejado su desempeño en el mercado doméstico. Así fue que se comenzó a gestar el Brasil de hoy. La compra de empresas extranjeras, significó para las empresas del país vecino una disminución de los costos financieros y del denominado “riesgo brasileño”.

os ‘90 no sólo implicaron reformas desreguladoras para la Argentina. Brasil también lo padeció, pero para las firmas brasileñas, la incertidumbre sobre los efectos locales de la apertura frente a la competencia extranjera, los impulsó a expandirse y sumar activos, no a contraerse y deshacerse de todo.

Las diferencias también estuvieron en sus estados. El Estado brasileño fomentó activamente la internacionalización de las empresas nacionales y jugó un rol preponderante en la mayoría de las intervenciones brasileñas en el mercado argentino.

Así fue que las privatizaciones en los países del cono sur significaron un jugoso atractivo para las empresas brasileñas que buscaban acceder a esos mercados. Pero la oportunidad definitiva la ofreció la crisis de 2001.

Cuando Luis Inácio Lula Da Silva sucedió al demócrata Fernando Henrique Cardoso, en enero de 2003, ya estaba todo dicho y quedaba todo lo bueno por hacer. Es que tras las reformas de fin de siglo, Brasil pudo sostener e, inclusive, profundizar el patrón de internacionalización que lo ha caracterizado históricamente.

Argentina, por el contrario, no sólo ha desaparecido prácticamente como inversionista externo sino que también ha sufrido la desnacionalización de gran parte de su tejido productivo.

Y ahora, quién podrá ayudarnos?

a integración no sólo será política. En términos económicos el Mercosur es sinónimo de buenos negocios en la Argentina para los empresarios brasileños. Según el Centro de Estudios para la Producción (CEP), los principales destinos de las inversiones brasileñas en Argentina desde mediados de los noventa hasta la actualidad fueron los recursos naturales (Petróleo y gas), las manufacturas basadas en recursos naturales (Alimentos y bebidas; Materiales para la construcción; Industrias básicas del hierro y el acero; Petroquímica), algunas manufacturas de contenido tecnológico medio (Automotriz y autopartes; Fabricación de productos metálicos) y servicios de tipo variado (Comercio; Construcción; Bancos y servicios financieros; Energía eléctrica; Transporte).

Sólo en 2007 las empresas brasileñas anunciaron 46 compras argentinas, cuando el año anterior habían cerrado 34 operaciones de ese tipo. Fue un desembolso de 2.243 millones de dólares, y entre 2006-2008 la inversión llegó a los 6.698 millones de dólares. Si el cálculo se hace desde 2004 las compras llegan a los 10.714 millones de dólares. De ellos, más de la mitad fue para el sector industrial, un 40% para petróleo y gas y el 8% para construcción.

Estos impresionantes totales fueron construidos pacientemente por la diplomacia política y económica del Brasil. La empresa mixta brasileña Petrobras compró en 2002 la firma privada argentina Pecom, de la familia Pérez Companc, y se erigió así en la segunda compañía petrolera de este país, después de Repsol-YPF, la ex firma estatal que sólo conserva sus iniciales de Yacimiento Petrolíferos Fiscales.

El grupo Camargo Correa adquirió en 2005 la cementera argentina Loma Negra y duplicó así su capacidad productiva. Ambev absorbió la cervecera Quilmes, auspiciante del seleccionado argentino de fútbol, y en la actualidad domina el mercado de esas bebidas en el Cono Sur de América. El frigorífico brasileño Friboi se quedó con Swift Armour, gran productor de carne vacuna. Belgo Mineira de Brasil compró la privada argentina Acindar, un "paso fundamental en el control estratégico del sector siderúrgico en la región", según la CEPAL, pero no fueron los únicos, también se instalaron Natura, que vende cosméticos, el Banco Itaú o la empresa textil Santana, que fabricará telas para pantalones desde el Chaco.

Así como en los años ‘90 llegaron a la Argentina capitales de Estados Unidos, de España, Italia, Francia y otros países europeos atraídos por el proceso de venta de empresas estatales, ahora son los brasileños los que avanzan desde 2004 en busca de oportunidades de negocio.

La política exterior, la clave de un socio ambicioso

El proceso de expansión brasileño encontró en Lula al líder de su consolidación. Jefe de una agresiva política exterior, los dos gobiernos del ex obrero metalúrgico que lideró el Partido de los Trabajadores (PT), ha logrado afianzar sus lazos políticos en toda la región y sus inversiones son consideradas una alternativa mucho menos voraz que las que impulsaron Estados Unidos y Europa sobre todo el Cono Sur.

En pocos años, y especialmente desde 2001, Brasil se comporta como el hermano mayor que ha llegado a la adultez. Quizás por eso, en las desiguales relaciones del Mercosur, los países más pequeños se lleven la peor parte, como es el caso de Paraguay y Uruguay, cuyos gobiernos denuncian desde hace años que los socios más grandes del pacto no tienen en cuenta sus necesidades, algo que es morigerado en cada cumbre cuando todo parece que terminará mal.

En ese esquema, el contrapeso de las “asimetrías” es equilibrado por una política exterior que busca consolidar la independencia política y militar de América del Sur frente a Estados Unidos, pero afianzando el liderazgo brasileño, algo que para los socios más chicos del Mercosur, como para Bolivia, implica un elegante colonialismo de segundo nivel.

Sin embargo, en el plano de las paradojas, ese peso también resultó una herramienta útil cuando Lula tuvo que respaldar al presidente boliviano Evo Morales ante los riesgos institucionales impuestos por la oposición autonomista.

Sin embargo, no fue más que un aporte positivo a una larga deuda cargada de abusos. Más allá de los gestos, la nacionalización hidrocarburífera que impulsó el gobierno de Evo puso en duda las buenas intenciones de Brasil, que siempre consideró al altiplano como un excelente terreno para conseguir gas a buen precio.

Cuando la nacionalización avanzó y llegó hasta la puerta de las refinerías de Petrobrás en las zonas más ricas de Bolivia, un Lula acosado en plena campaña electoral de reelección, le preguntó a sus oponentes, si veían otra alternativa que apoyar al gobierno de Evo. “¿Qué quieren, que bombardee Bolivia?”, les espetó.

La anécdota resume en pocas palabras el actual papel de Brasil en la región. Dueño de una de las mayores reservas naturales de agua potable del mundo, multiplicó su capacidad petrolera gracias a los últimos yacimientos descubiertos y se prepara para liderar la política militar de la región por una sola razón: además de Venezuela, es la única potencia de peso del subcontinente que cuenta con una autonomía militar digna de envidia.

Brasil ya no es un vecino necesario para la Argentina. Es un socio inevitable y ya no hay tiempo para lamentos. La tardanza argentina para enfrentar su crisis estructural también fue una buena ventaja económica para Brasil.

Por eso la alegría, por ahora, seguirá siendo brasileña.

Por Carmelo Paredes

Publicado en Revista Zoom|16-09-08

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